martes, 27 de enero de 2009


Mis ojos descubrieron otros soles, y...aquel suelo, que luego fué mi sueño...pero, en mi alma infantil, quedó grabado, tu olivar, tus sierras y tus cerros. El meterme debajo de los carros, manchándome de grasa todo el cuerpo, y el no querer lavarme la cara en otra casa porque...amarillo es el color de la toalla, con que mi madre me seca, y...sigo luego correteándo, disfrazada de gañán, bajando alegre por las cuestas de ese pueblo.

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