sábado, 11 de abril de 2009




Al mirar el cortejo que desfila, que en entierro modesto se convierte, una congoja anuda la garganta, un extraño temblor nos estremece, una lágrima vidria nuestros ojos y un sudor enfría nuestra frente, porque algo nuevo nace en nuestra entraña y todo sentimiento se conmueve ante el despojo humano que desfila del cadaver desnudo del yacente.

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