jueves, 14 de octubre de 2010

Eventos para el Fin de semana

Hace tiempo hice una entrada, hablando de Puertoroque, concretamente comentando lo desaprovechada que tenemos nuestra sierra, con esas peñas tan grandes y bonitas, pero por fin se va a celebrar éste fin de semana el I Encuentro femenino de Deporte de Montaña y Escalada ; habrá talleres de iniciación y perfeccionamiento, taller de actividades de escalada (acrobáticas, equilibrios) el alojamiento será en el Camping de Aguas Claras. Esperemos que éste evento tenga éxito y se siga promoviendo y dándo a conocer ésta tierra a la que tanto queremos.




San Pedro de Los Majarretes en la Campiña de Valencia de ALcántara




Juan de Sanabria, conocido como San Pedro de Alcántara, nacido en Alcántara, recibió una exquisita educación, pronto llamó la atención por sus dotes, tanto de cuerpo, fuerte, bien parecido, elegante y por su inteligencia aguda. Cuentan que vió pasar a unos franciscanos con los pies descalzos, por su casa y tán sólo con diecinueve años, se fué tras ellos y pidió que le acogieran en el convento como religioso, ese convento fué el de Los Majarretes, en la campiña de Valencia de Alcántara. El el noviciado fué todo un ejemplo; durante su época de estudiante, cuando sus compañeros hablaban y la conversación no era muy pura y veian que él se acercaba, decian "Callad, que viene el de Alcántara". Su vida se centró en la oración y la pobreza extrema. Y un día como el 19 de Octubre, fiesta de San Pedro, quiero tener un recuerdo para D. Angel Rodrigo Lopez, párroco durante muchos años de esa iglesia que se encuentra en ese Convento de los Majarretes, en plena campiña de Valencia de Alcántara. Y dice D. Angel en su libro, La Campiña de las sierras. Un mirar las cosas con los ojos de los hombres, pero al estilo de Dios. Un gastar el tiempo. Pero ¿qué importa gastar el tiempo, si se ha gastado para Dios? "Vamos a lo alto de la sierra, dije a mi amigo. Tú no la conoces y arriba el aire es más limpio. Subimos lentamente dejando que la brisa refrescara nuestra piel. No es suficiente, dijo mi amigo; subamos a lo más alto. En el final, perdidos nuestros ojos hasta donde la tierra se une con el cielo, dejamos de nuevo, que la brisa más fuerte que antes, nos siguiera refrescando". Sombras




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